LA COSECHA DEL TIEMPO

Por Jason Abdelhadi

(Traducción de Ricardo Jiménez)

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Los cambios repentinos en los fondos de la tira cómica “Krazy Kat” de George Herriman son la mejor lección de ambientación. El fondo es el mundo subconsciente, y sus violentas sacudidas nos muestran cómo incluso estando perfectamente quietos, una conversación puede llevarnos a dar un paseo diferente. El mundo también está quieto y también tiene convulsiones dementes. A veces no puede quedarse quieto, pero al no tener nada mejor que hacer, se encuentra a sí mismo persiguiendo a una persona o comunidad en particular con su necesidad de alternar. Las maravillas y los terrores de la ciudad son el grado en que lo efímero se concreta y se vuelve gigantesco, vertiginoso o desorientador. Las sombras que rellenan los huecos nunca tienen un día repetitivo.

Solo una caminata casual para tomar un poco de aire y el suelo se desploma a mis pies. Con bolsas de la compra en cada brazo, navego por la destrucción del viejo mundo.

Caminar por una zona de construcción equivale, en determinadas fases, a experimentar un apocalipsis localizado. En el momento inicial, la ubicación, especialmente si está ocupada por un edificio antiguo, será acordonada y convertida inmediatamente en algo extraño. El edificio condenado adoptará una especie de expresión de máscara mortuoria; con sus ventanas tapiadas, contempla con resignación o desafío cómo las vallas lo rodean. A medida que comienzan a separarlo, su descomposición nos proporciona la visión de un matadero. El metal retorcido contribuye a invocar un espíritu de complicación sádica. Cada vez que nos encontramos con la exposición de un nuevo horror, algún órgano terrible se funde en una anatomía aterrorizada, y nos fascina y horroriza. Vemos el último montón de escombros y soñamos con una vida en el desorden, como si también nos hubieran bombardeado o hubiera ocurrido un gran terremoto. Observamos cómo el polvo confunde la luz. Por la noche gime o ríe bajo las estrellas. Un caos helado cuyas torturas se reanudan al amanecer.

Luego, finalmente, las membranas rechazadas se eliminan. La próxima vez que regresemos, extraños tableros negros se habrán erigido. Como si el próximo ritual de establecimiento de la fundación fuera demasiado sagrado o atroz para ser visto por los no iniciados. Tal vez se coloque un pequeño anuncio absurdo que muestre el futuro edificio en su nueva esterilidad. Pero éste contrasta espantosamente con el desorden y el hoyo. Caemos en picado juntos, ella y yo, tomados de la mano, trepamos por puentes montados precipitadamente y pequeños caminos provisionales. Si hay obras en la carretera, nuestros pies se encuentran con la suciedad. El suelo se ondula bajo la demente luna llena. Miro dentro de un restaurante vietnamita y veo que todo el interior ha sido pulverizado. Todavía hay una estatua de la buena suerte cerca de la caja, confundida bajo la luz fluorescente que de alguna manera sigue encendida.

El mundo de los sueños puede ser extrañamente anti-arquitectónico. El mundo de la vigilia también. ¿Por qué no tienen más cuidado? Dejan estos pozos de caos medio dementes, medio terminados a nuestro alrededor y sin tener en cuenta el grado en que están alterando la realidad cotidiana. Para la gente común, su mito de una ciudad funcional y un camino a casa transitable es pedir demasiado, casi una leyenda utópica. Algún día, cuando las aceras regresen y no sea peligroso caminar por Montreal Road, mis ojos se encontrarán con el aspecto de la Ciudad Nueva y veré los comienzos de Nueva Armonía.

En las ciudades antiguas, algunos distritos tienen el privilegio de envejecer hasta convertirse en una especie de fósil, la “zona histórica”. El escritor de terror y obseso de la arquitectura H.P. Lovecraft se sintió atraído por la sombra del paisaje urbano histórico en el que una realidad alternativa irrumpió y fuimos llamados a extrañas nuevas ciudades en otras esferas. En esta parte del mundo, sin embargo, los promotores han aprendido el secreto: reconstruir tan rápido que nada pueda envejecer más allá de un siglo.

¿Te han atormentado los gemidos y crujidos de un fantasma? ¿O es “solo la imaginación”? Un poltergeist rebobinado. Los sonidos son un aspecto que puede persistir debajo de la superficie, especialmente si vives cerca. Sufres la perpetua invasión externa de un órgano sensorial que refleja la locura. Pero al final te vuelves insensible a la extraña atmósfera, hasta que algún cambio o silencio cataclísmico te obliga a prestar atención de nuevo.

“Bienes raíces” es el incómodo término del conglomerado para la razón de ser tras estas orgías. Lo más probable en estos días es que se trate de condominios, pero ocasionalmente obtienes extrañas parcelas, por ejemplo, monumentos conmemorativos: “Este es el futuro emplazamiento del monumento a las víctimas del comunismo”, sobre el cual se ha pintado con spray de color amarillo brillante, “¡el comunismo vencerá!”

En la serie de dibujos animados para niños, Recess (conocida como “La banda del patio” en España,​ y como “Recreo” en Latinoamérica), dos personajes gemelos se visten con trajes de construcción todos los días. Su misión es un proyecto muy exigente, la excavación de un gran hoyo en la parte trasera de la escuela, sin otro propósito, presumiblemente, que explorar … Puede convertirse en una pasión, esta extraña y confusa manía colectiva. En italiano, existe el fenómeno del “Umarell”, el viejo ocioso que mira la construcción todo el día como hobby, comentando e insinuando desde el gallinero.

Constant Nieuwenhuys, en su concepción anticapitalista de Nueva Babilonia entendió básicamente que el poder de alteración y cambio es lo que hace de la ubicación fija de la ciudad un lugar potencialmente poético. Los proyectos de construcción son hoy la consecuencia ciega de procesos nacionalistas o capitalistas. En el plano poético, sin embargo, crean a través de su brutal operación una visión involuntaria, a menudo convulsiva y perturbadora, del buen funcionamiento de la ciudad. Podría ser que algún día, bajo un auspicio diferente, la fiesta del hormigón y los detritos que hoy se conoce como construcción pudiera practicarse por su propio bien. Las grúas y los camiones volquete actuarán a los caprichos de sus conductores poseídos, y así comenzar la marcha contra la ciudad, como un magnífico exorcismo de un trauma ancestral.


Imágenes:

  1. Popeye. A Dream Walking, Dave Fleischer, 1934.
  2. High and Dizzy, Hal Roach, 1920.
  3. Bugs Bunny. Homeless Hare, Charles M. Jones, 1950.