MATERIALISMO POÉTICO. Aproximación a una práctica

Julio Monteverde



Por Jesús García Rodríguez

UNA CONTRIBUCIÓN AL MATERIALISMO POÉTICO

El materialismo poético es sin duda – junto al concepto de exterioridad – una de las mayores aportaciones del surrealismo del siglo XXI al debate público, político y cultural actual. El término como tal ya había sido apuntado por Elisabeth Lenk en los primeros años 70  del siglo pasado, y por el grupo surrealista de Estocolmo en los años 80, pero como etiqueta vacía, es decir, sin desarrollar de manera concreta y sistemática su contenido, o al menos no en el sentido y con el significado que adoptaría más tarde. El materialismo poético, entendido esencialmente como praxis, se va a gestar dentro del Grupo Surrealista de Madrid, sobre todo a partir de la publicación del manifiesto El falso espejo (puede verse en el nº 11-12 de la revista Salamandra, 2001-2002 [1], aunque ya circulaba desde el año 2000) y de la discusión que se produjo a raíz de ello dentro de una parte de la comunidad surrealista internacional. En ese manifiesto ya se aventuraba una primera definición del término:

Muy sumariamente, lo que denominamos materialismo poético sería una corriente imaginante que va transformando la realidad del ser, un fluir temperamental que remodela las formas de la realidad que quiere transformar; se resolvería en el campo de la acción inmediata, haciéndose acompañar del principio de placer [2]

A partir de ese texto seminal, la idea del materialismo poético, entendido ante todo como una praxis, va a ser objeto de investigación y de reelaboración dentro del Grupo Surrealista de Madrid, tarea que culminará en el dosier de 41 páginas del número 21-22 de la revista Salamandra casi catorce años después (2015). Las sucesivas reuniones del grupo dejaron claro que el concepto y la praxis del materialismo poético debían considerarse una labor eminentemente colectiva y abierta; el dosier, formado por textos de distintos autores, deja claro desde el principio que se considera la cuestión del materialismo poético como una enorme work in progress dentro del surrealismo actual, susceptible de nuevas aportaciones y contribuciones, y no como un concepto cerrado y ya definido, y que se irá enriqueciendo con nuevas aportaciones . El punto esencial de la idea, en todo caso, y siguiendo el espíritu del manifiesto antes mencionado, se encontraba en la reivindicación de una realidad material bruta frente a la realidad virtual, mediatiza y diferida que intentan imponer los nuevos medios microelectrónicos actuales.   

Uno de los textos de ese dosier lo firmaba Julio Monteverde, y constituye de hecho, con ligeras modificaciones, la tercera parte (¿Qué es el materialismo poético?) del libro que ahora reseñamos. El subtítulo del libro (Aproximación a una práctica) ya deja claras dos cosas: en primer lugar se trata de una aproximación personal al complejo, poliédrico y policéfálico asunto del materialismo poético, y en segundo lugar ese materialismo es entendido ante todo como una praxis: «pretende agrupar el conjunto de prácticas poéticas y el uso unitario y sistemático que se hace de ellas» (p. 87).

El libro, muy ordenado en su estructura, consta de tres partes bien diferenciadas. La primera (Cuatro fundamentos en relación a una práctica) funciona a modo de  introducción, y se centra en una crítica del capitalismo y de la sociedad del espectáculo, de su fragmentación de la conciencia y de la realidad y expone algunos acontecimientos o potencialidades que se les oponen como resistencia: la poesía, el erotismo, la actividad onírica y el inconsciente, la revuelta… Una parte bastante extensa de esta sección se dedica a la definición y desarrollo de la idea de poesía dentro del materialismo poético, que, como ya indicamos, en su riqueza y complejidad se opone al miserabilismo definitorio del capitalismo. Se distingue con claridad el poema de la poesía, entendido el primero como expresión escrita de un «lenguaje no escindido» (p. 41) y como aquel espacio que facilita la aparición  – cuando verdaderamente es fiel a su verdadera naturaleza – del «momento soberano» (conforme a Bataille) de lo real (p. 44). Frente al poema escrito se abre el amplísimo abanico de la poesía por otros medios (o «por todos los medios», como la denomina Monteverde), concepto central de la práctica surrealista al que puso nombre un libro del Grupo surrealista de Madrid [3]. Esta poesía, entendida ante todo como una forma de estar en el mundo (p. 45) de carácter eminentemente emancipador y con un grandísimo potencial utópico, se manifiesta no solo a través de la palabra, sino también en la imagen, el juego, determinados actos y situaciones, los azares, las insurrecciones, las desobediencias, los enamoramientos… Una de sus principales características es su capacidad de desvelar y de ponernos en contacto con lo maravilloso (otro término axial dentro del surrealismo), y su clara intencionalidad política: tiene como fin «la liberación de la vida práctica en el futuro» (p. 52).

La segunda parte del libro (Sobre el materialismo poético) profundiza en el análisis y desarrollo de esa idea de la poesía por otros medios, acompañados por una crítica abierta a la poesía escrita contemporánea. Se critica en efecto su narcisismo e individualismo, consecuencia de la idea nefasta y decrépita del poeta como sacerdote  o como mediador absolutamente innecesario, y su falta de capacidad de desborde poético, consecuencia de su anclaje absoluto en el miserabilismo moderno. Frente a ella, y opuestas a ella, las potencialidades de la poesía por otros medios, en tanto «acción destinada a  crear un espacio de vida apto para el hombre» (p. 68): su capacidad para crear mito, utopía y prácticas emancipadoras, y para cuestionar y disolver el sujeto económico-tecnológico instaurado por el capitalismo y reemplazarlo por un sujeto libre. Esa poesía, que, también en la línea del surrealismo, está «sujeta al deseo» y a Eros (p. 82), puede y debe ser practicada y realizada por cualquiera (el comunismo del genio del que habló André Breton), pues es una de las potencias constitutiva del espíritu humano.

La tercera parte (¿Qué es el materialismo poético?) es la que aborda de manera directa el asunto del materialismo poético, del que acertadamente afirma que se propone (p. 87) «dotar a la vida de su contenido pasional a través de la práctica de la poesía» por otros medios. Es sin duda la sección más brillante del libro, pese a su brevedad. Allí se desgranan datos definitorios del materialismo poético, tal y como se han discutido en el seno del surrealismo actual: su capacidad de superar la dicotomía praxis (política) / poesis (poética), que Monteverde compara con acierto a la existente entre vigilia y sueño, su naturaleza eminentemente antiideológica, y su carácter de manera de vivir o forma de vida, su desvinculación del Arte y de la Literatura como instituciones de la industria cultural capitalista, su carácter radicalmente político, colectivo y utopista, y su naturaleza inconclusa y abierta. 

Esta sección, enormemente interesante, queda en parte deslucida por la confusión que se produce en varios momentos entre materialismo poético y poesía por otros medios, confusión que se reproduce en otros pasajes del libro. Y ello a pesar de que el propio Monteverde se aventura a explicitar una distinción a nivel teórico: «la relación del materialismo poético con la poesía por todos los medios es la análoga a la del materialismo histórico con los medios de producción» (p. 101). Es ahí donde reside una de las pequeñas debilidades teóricas de la exposición de Monteverde: esa definición contradice la idea expresada anteriormente, con toda exactitud, de que el materialismo poético es una práctica, no un sistema ni una teoría. La indistinción en la que quedan esos dos conceptos de poesía por otros medios y materialismo poético lastra en parte la posible elucidación del contenido del materialismo poético como tal, y desinfla en parte su potencialidad real. Desde nuestro punto de vista, el materialismo poético es un rasgo esencial de la poesía por otros medios, no una realidad separada de ella.

Y en efecto, si alguna objeción se puede hacer al por lo demás excelente libro de Monteverde y a su visión del materialismo poético es quizá la sobreabundancia de lo poético y el déficit de materialismo que recorren sus páginas. Pese a que se incide eventualmente en la poesía como una «actividad del cuerpo» (p. 63) y se menciona explícitamente la definición de Maurice Blanchard de la poesía como «propiedad de la materia» y la necesidad de desarrollar esa idea en todas sus consecuencias (p. 86), lo cierto es que esa idea no acaba de desarrollarse, y lo poetológico y lo político invaden casi totalmente el espacio de lo matérico, que apenas hace acto de aparición. Igualmente, pese a que se apela con frecuencia al materialismo poético como una práctica, no se ofrece en el libro apenas ningún ejemplo de esa praxis. En todo caso, si el lector está interesado en dichos ejemplos, puede encontrar una gran cantidad de ellos (junto a muchos otros de poesía por otros medios) en el último número de la revista  Salamandra (nº 23-24), publicado en junio de este año.    

Estas objeciones tienen su importancia porque es precisamente en su carácter esencialmente matérico donde el materialismo poético, desde nuestro punto de vista, puede desplegar su mayor potencia de transformación y de resistencia. De hecho, el término de materialismo poético como tal, ya en su «infancia» en el El falso espejo, se oponía en toda su radicalidad a la propagación y proliferación de la virtualidad y de la «crisis de la presencia» (como se la ha denominado dentro del Grupo surrealista de Madrid) constatables ya en aquellos momentos; esa oposición de lo material frente a lo virtual constituye la gran apuesta y la gran  promesa, a mi juicio, del materialismo poético, y Monteverde pasa en cierto modo de puntillas por encima de ella, sin llegar a  comprender su enorme potencial.   

Este libro de Julio Monteverde, junto con las investigaciones y publicaciones del Grupo surrealista de Madrid, constituye la principal panorámica de conjunto actual sobre el materialismo poético, fundamentalmente en su vinculación con la poesía por otros medios. Se trata de un concepto creado colectivamente, y que permanece abierto a discusión, y en ello reside sin duda gran parte de su potencial y de su éxito futuro; constituye un potente instrumento en la lucha por la emancipación política y espiritual fundamentalmente dentro de los imaginarios colectivos e individuales, pero también en la totalidad de las prácticas de la vida cotidiana. Este libro acerca al gran público ese instrumento de emancipación al que auguramos un largo recorrido, y que Monteverde es capaz de presentar con precisión, claridad y aliento poético, lo que convierte su lectura en una experiencia siempre grata y recomendable.        


[1] Puede consultarse en la página web del grupo, http://gruposurrealistademadrid.org/grupo-surrealista-de-madrid-el-falso-espejo-la-imagen-y-lo-imaginario-en-la-era-del-espectaculo

[2] Salamandra, nº 11-12, Madrid 2001-2002, pp. 12-13. 

[3] Situación de la poesía (por otros medios) a la luz del surrealismo, Grupo surrealista de Madrid, Editorial Traficantes de Sueños, Madrid 2006. Puede verse parte de la introducción aquí: https://www.gruposurrealistademadrid.org/ediciones/grupo-surrealista-de-madrid-situacion-de-la-poesia-por-otros-medios-a-la-luz-del